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“Soy una víctima de malos tratos: La violencia es violencia siempre”

Reproducimos un testimonio enviado desde Hazte Oír. En él, Bernardo cuenta su sufrimiento para ayudar a otros hombres que se puedan encontrar en la misma situación, maltratados y desprotegidos por el mero hecho de ser hombre. Después de soportar en silencio durante 15 años las agresiones de su esposa, hoy pide al Ministro de Justicia que su caso sea considerado violencia de género. ¿Quieres ayudarle con tu firma? Éste es su testimonio:

La verdad es que no sé por dónde empezar. Esto es muy duro de contar.

Hará unos 18 años, algo comenzó a cambiar en mi relación con mi esposa. Ya estábamos casados, sin hijos, teníamos trabajo, no pasábamos apuros.

Cierto día, tras una discusión tonta, me soltó la primera bofetada. En aquel momento me quedé bloqueado. No supe reaccionar. Supongo que esperaba que me pidiera perdón, que habría perdido los nervios. Pero el perdón nunca llegó, y yo cometí el gran error de mi vida: dejarlo pasar.

Las agresiones volvieron a repetirse. En cada pelea se le iba la mano, y yo callaba por miedo y por vergüenza. No quería que se enterara nadie, pero las voces los gritos iban en aumento, ya no se cortaba, y claro, los vecinos se enteraban de todo. Tenía la habilidad de tergiversarlo todo, especialmente delante de familiares y amigos.

Un día me sacudió tan fuerte que me dejó ambos ojos amoratados. Para ocultarlo, ella misma me maquilló. Aquel día me fui al trabajo deshecho, estoy seguro de que mis compañeros se dieron cuenta de lo ocurrido.

¿Por qué no la denuncié entonces? No lo sé, aún me lo pregunto muchas veces. El caso es que me acostumbré a vivir atemorizado, pensando que tal vez algún día recapacitaría y todo volvería a ser normal.

Así, el tiempo transcurrió alterando fases más llevaderas con otras cada vez más violentas. Muchas veces tuve que irme de casa de noche, en pleno mes de febrero, y dormir en el coche para evitar sus golpes.

Cuando me decidí a proponerle el divorcio, la situación empeoró. Me tuvo cuatro días sin salir de casa, secuestrado. Me quitó las llaves y el teléfono. Esa noche, mientras me agredía, me incitaba a que le devolviera los golpes, diciéndome que llamaría al 016 y me meterían en la cárcel. Estas frases aún las tengo bien presentes.

Llamé al 112 y se personó en casa la policía, que nos interrogó por separado. A ella se la llevaron a la comisaría esposada y a mí al hospital, donde me hice “famoso” por ser el único hombre que denunciaba a su mujer.

Mi parte médico habla de contusiones, policontusiones, hematomas múltiples en brazos, tórax, zona facial, mordeduras en ambos antebrazos, hematomas por todo el cuerpo.

Hoy sigo pendiente de una sentencia de divorcio por parte de un juez que, sin tener en cuenta estos antecedentes, quiere obligarme a que me vaya de mi propia casa para dejársela a ella. Me pregunto que habría pasado si en vez de ser un hombre maltratado hubiese sido una mujer maltratada.

Por eso quiero que mi caso sea considerado violencia de género, no doméstica. Soy una víctima de malos tratos. La violencia es violencia siempre.

Por favor, ayudadme a cambiar la ley de violencia de género. ¡Todos somos iguales!

Bernardo

Le asesta 20 cuchilladas a su marido y tipifican el delito como “homicidio por imprudencia grave”

La noche del 3 al 4 de julio de 2012, en un pueblo de Huesca, Rosa María Turmo ató a su marido a la cama. Tras clavarle veinte cuchilladas en diferentes partes del cuerpo, le dejó gravemente herido durante horas. El hombre, Antonio Ibarz, estuvo prácticamente los doce meses siguientes ingresado en el hospital, siendo intervenido quirúrgicamente y entrando varias veces en la UCI. Sin embargo, tras ese año luchando por su vida, murió el 29 de junio de 2013 debido a la gravedad de las lesiones que su mujer le provocó.

La mujer reconoció los hechos, que resultaron evidentes para los servicios de emergencia cuando fueron a asistir a la víctima pero en todo momento alegó que su intención nunca fue matarle. Y el jurado ha escuchado a sus declaraciones, teniéndolas en cuenta.

Los hechos no fueron tipificados como asesinato, sino como una “imprudencia grave” con resultado de muerte, desoyendo la petición de la Fiscalía y de la acusación particular que fue ejercida por los dos hijos que tenía el matrimonio: El Fiscal pedía 20 años de prisión por un asesinato por ensañamiento y la acusación particular pidió 37 años y medio de prisión por asesinato (que posteriormente fueron rebajados a 25 años). El abogado de la agresora, por su parte, pedía la absolución de la mujer.

Los dos hijos del matrimonio afirmaron tener miedo a su madre y pidieron una orden de alejamiento para su madre, temiendo que la mujer pudiera dañarles a ellos o a sus familias también.

Finalmente, la condena se saldará con una pena de prisión de seis años: Cinco de ellos por un «delito de lesiones dolosas que producen inutilidad de miembro principal» y el otro año por «homicidio causado por imprudencia grave», aplicándose la atenuante de haber reconocido los hechos y los agravantes por alevosía y parentesco.

Los informes médicos, por otro lado, reconocen que la mujer padecía un trastorno depresivo de larga duración por el que estaba medicada. Esto hace que, incluso, se considere procedente que se solicite un indulto.

Pero la sentencia también incluye en la condena las peticiones de sus hijos: la mujer no podrá vivir en Zaidín (pueblo donde residía la familia y donde sucedieron los hechos) durante 16 años o acercarse a sus hijos y a sus respectivas familias a más de cien metros. Además, deberá indemnizar a cada uno de sus hijos con 35.000 euros por la muerte de su padre.