Todas las personas tienen derecho a obtener la tutela efectiva de los jueces y tribunales en el ejercicio de sus derechos e intereses legítimos, sin que, en ningún caso, pueda producirse indefensión (Constitución Española de 1978, art. 24.1).

Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de sexo […] (Constitución Española de 1978, art. 14).

La igualdad entre hombres y mujeres será garantizada en todos los ámbitos […] (Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea de 2000, art. 23).

Se prohíbe toda discriminación, y en particular la ejercida por razón de sexo […] (Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea de 2000, art. 21.1).

Todas las personas son iguales ante la ley (Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea de 2000, art. 20).

Toda persona acusada de una infracción se presume inocente hasta que su culpabilidad haya sido legalmente declarada (Convenio Europeo de los Derechos Humanos de 1950, art. 6.2).

Toda persona tiene derecho, en condiciones de plena igualdad, a ser oída públicamente y con justicia por un tribunal independiente e imparcial […] (Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, art. 10).

Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo […] (Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, art. 2).

Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros (Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, art. 1)

 

¿Son las pensiones compensatorias equivalentes en casos de maltrato a hombres y mujeres?

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Cuando el largo proceso penal que termina en la condena efectiva de un maltratador o maltratadora, una de las penas habituales es una indemnización. Ya sea como cantidad única o pensiones mes a mes. ¿Es este proceso igualitario si la víctima es hombre o mujer?

El agravante de género no solo impone piensas de prisión más duras para los maltratadores, también hace lo mismo con las multas y la cantidad de las pensiones de compensación. Por ejemplo, si un hombre anula durante años y maltrata a su pareja, que debe dejar su trabajo, la condena impone una indemnización equivalente al coste de esa anulación junto con otra cantidad destinada a garantizar relativa solvencia económica para que la víctima pued a rehacer su vida; algo que debe aplaudirse. Sin embargo, gracias al agravante de género las penas económicas son mayores en en el caso de las mujeres maltratadas que en el de los hombres maltratados.

Que los agresores deben pagar, penal y civilmente es algo que todos compartimos. ¿Pero una persona que es anulada hasta el punto de tener que dejar durante años su trabajo es distinta de otra a la que le ha pasado lo mismo? La pérdida de confianza, la desconexión con el mundo laboral y la falta de experiencia son tres elementos comunes y cruciales a la hora de conseguir un trabajo. Elementos que no desaparecen ni se atentan si eres hombre; dado que en todo caso siempre habrá alguien más preparado que tú.
En Patón y Asociados creemos en la oportunidades de rehacer una vida como necesario método de integración social. Un compromiso adquirido en nuestra dilatada experiencia como uno de los bufetes de referencia en maltrato masculino de España. Como rehabilitación de las víctimas. No igualar las indemnizaciones y pensiones es una forma a medio y largo plazo de impedir la vuelta a la normalidad de las víctimas de maltrato. Que los hombres maltratados sean minoría, no quiere decir que sean menos víctimas.

El maltrato masculino sucede también en parejas homosexuales. Tabú sobre tabú

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Sucede que muchas veces no nos damos cuenta de la realidad que nos rodea, y esto es cierto a cualquier nivel de la vida, micro o macro. En el caso del maltrato masculino, muchas veces caemos en el error de pensar que es algo que sucede solo en parejas heterosexuales, donde una mujer maltrata a un hombre. Pero también sucede en las parejas homosexuales, dejando claro que no es una cuestión de género, si no de forma de pensar.

Una relación se basa en empoderar a ambas partes: compartiendo responsabilidades, gastos, derechos y deberes para la mutua convicencia. Los maltratadores desbalancean eso, de repente la parte maltratada debe sacrificarse más por la relación. Debe dejar a ciertas amistades, vestirse de cierta forma, aceptar un control sobre las horas y los planes que no involucren al maltratador e incluso tolerar la violencia física; ya sea por miedo o por vergüenza. Y esta situación no entiende de géneros, ni de sexualidades. En el caso de las parejas homosexuales masculinas, cualquier caso de violencia es automáticamente catalogado como de violencia doméstica. Cualquiera. Solo porque no se encuentra una mujer. E incluso en el caso de las relaciones puramente femeninas sucede igual, dado que la Ley de Violencia de Género solo contempla los supuestos de abuso de un hombre a una mujer.

¿Es eso justo? ¿Es justo que toda posible violencia salvo la que ejerce un hombre sobre una mujer sea automáticamente tenida en cuenta como de menor valor? ¿De menor peligro? Si las penas se imponen para disuadir y corregir las actitudes de una sociedad, entonces la división establece qué que un hombre agreda a su pareja masculina es menos peligroso que esa misma situación solo que hacia una mujer. E incluso que esa situación se dé entre dos mujeres es tenida como una riña doméstica. Muchas veces no nos damos cuenta de estas realidades. Pero por suerte existen bufetes como el de Patón y Asociados, que ofrecen una defensa legal experta en los casos de maltrato, independiente de género o sexualidad; y cuentan con años de experiencia para avalarles.

Necesitamos actualizar la Ley de Violencia de Género para que incluya a los hombres maltratados

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El problema del maltrato masculino comienza a sonar ahora de manera tímida en algunos foros, pero todavía sigue siendo un tema controvertido en la mayoría. Por un lado, va en contra de la idea general de masculinidad que tenemos socialmente aceptada y por otro genera incomodidad (e incluso rechazo) en las partes más comprometidas con los derechos feministas. Muchas veces se ha catalogado como un intento de hacer retroceder las conquistas sociales de ese colectivo.

¿Por qué entonces decimos que debería ser reformado? Vamos a echar un ojo a su redacción actual, de 2014:

 “Actuar contra la violencia que, como manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, se ejerce sobre éstas por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aun sin convivencia.”

Como vemos, solo establece como caso susceptible de ser aplicada la ley es en los casos en los que hombres maltraten a sus parejas. Creando penas más duras que pueden llevar a que un hombre sea encarcelado por una agresión física (como una torta en la cara) por la que una mujer no recibiría más que una multa, sin necesidad de prisión ni antecedentes. ¿La razón? El agravio comparativo provocado porque a los hombres se les apliquen solo los criterios de violencia doméstica.

Es difícil luchar por los derechos de los hombres maltratados con la exigua Ley de Violencia Doméstica, pero bufetes como Patón y Asociados han conseguido crontruir una trayectoria basada en los éxitos y años de experiencia. Es tare de todos generar el cambio social necesario para conseguir la igualdad efectiva entre los hombres maltratados y las mujeres maltratadas; no restando protección, si no igualando por arriba y dando la misma consideración a los mismos crímenes.

¿Menos denuncias significa menos urgencia? Por qué los hombres maltratados no denuncian y las consecuencias para la justicia

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En general nuestra sociedad sigue manteniendo los mismos esquemas que hace unas décadas. O incluso de hace un siglo. Mucho se ha hablado de cómo, ciertamente, esta visión afecta a las mujeres y invisibiliza no pocos casos de violencia de género. Pero es cierto también que estamos viviendo una cada vez mayor preocupación por esta situación. Y una de las quejas que se decía en aquellos primeros años, era que en España había mucho menos maltrato que en otros países porque había menos denuncias. ¿Es eso cierto? Ahora sabemos que no

En el caso de los hombres maltratos se utiliza la misma retórica que con el movimiento feminista hace varios años (e incluso que se sigue usado), lo curioso es que muchas veces es el propio movimiento el que usa esa misma retórica. Veamos, en todo caso porque el hombre maltrato9o no denuncia.

Como decíamos al principio, la sociedad sigue teniendo una manera algo antigua de plantear su pensamiento. En el caos de los hombres, le afecta a la hora de considerarles siempre la parte fuerte de una relación; no solo el que debe traer dinero a casa, si no también quien debe reprimir sus propios sentimientos. Deben cargar con el peso de los problemas, es lo que se espera de un hombre fuerte. Por desgracia, el maltrato se aprovecha de ello. Como hemos explicado en otras entradas, primero debe vencerse el sentimiento de vergüenza para que una persona pueda denunciar.

Con lo que tenemos menos denuncias por parte de estos hombres maltratados. De la misma mujer que el ideal de mujer perfecta y discreta impedía visibilizar el maltrato, en el caso del hombre todavía debemos empezar a desmontar ese mito del caballero estoico ante todo y ante todos. Menos denuncias no significa menos maltrato, solo una invisibilización mayor. España aún está a la cola de denuncias de hombres en Europa, justo ahora estamos alcanzando la media europea en cuanto a las denuncias de maltrato femenino; ¿debemos esperar hasta que la situación desborde para darnos cuenta de que existe un problema? Si quieres informarte sobre uno de los mejores bufetes de abogados para casos de maltrato masculino de te dejamos el siguiente enlace a Patón y Asociados.

¿La victimización solo es posible en mujeres? El efecto psicológico en los hombres maltratados

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Cuando hablamos de victimización solemos pensar en el lado negativo; una persona que gratuitamente se arroga la condición de víctima. También es el uso más común. Sin embargo, en el campo de la psicología y del derecho victimización es la condición que un determinado sujeto tiene para ser considerado víctima por sí misma y por el resto de la sociedad.

¿Es importante ser considerado víctima? Desde luego, en ambos planos, además: el individual y el colectivo. En este caso hablaremos de cómo es importante en el caso individual, el psicológico. Para entender porque también es importante en el plano del derecho, os dejamos este fantástico artículo del bufete Patón y Asociados donde explica su importancia.

Volviendo al tema, quizá pueda parecer difícil de comprender que una persona que sufre maltrato, en este caso un hombre que sufre maltrato masculino por parte de su pareja; no se vea así mismo como una víctima. Sin embargo, el maltrato distorsiona el propio punto de vista de la víctima para que, en el mejor de los casos no se vea como una víctima de una conducta anormal, si no como algo habitual de su día a día; o peor, que se vea así mismo como un culpable de su situación. Ser capaz de verse como víctima es muy importante para salir de su situación.

Una víctima de maltrato que se ha reconocido como víctima, también tiene posible una salida de escape: denunciar. Sin embargo, verse así mismo como víctima es también reconocer el problema y hacerle frente. Algo para lo que pocas víctimas están dispuestas desde el principio. En el caso del hombre, verse así mismo como víctima también es necesario para dar un paso al frente contra la idea social de masculinidad: de fortaleza y control de todas las situaciones; lo que también puede generar un efecto de rechazo natural en la propia víctima y en la percepción de su situación que cree habrá en su círculo social.

Victimizarse es reconocer que algo malo está sucediendo, que estamos ante un problema y que es necesario buscar una solución. En el caso del maltrato, muchas veces sobrevive años en una situación por su capacidad para distorsionar la propia visión de la víctima sobre su condición. Muchas veces, la batalla legal no es la verdadera guerra del hombre maltrato, si no en el plano psicológico.

El abuso masculino en parejas jóvenes nunca ha dejado de estar normalizado

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Cuando pensamos en un hombre maltrato tendemos a imaginarnos a hombres de mediana edad, casados y seguramente con hijos. Y, aun no teniendo datos para confirmarlo, puede parecer un retrato fiel de la realidad, también existe el maltrato en el caso de las parejas jóvenes.

Precisamente es esa imagen, la de pensar que es algo de personas más mayores o de relaciones más asentadas, como un matrimonio; lo que vuelve difíciles de identificar estos casos para los adolescentes. Las relaciones tóxicas no solo se dan cuando el novio controla todo lo que hace su pareja; sino cuando sucede a la inversa. Los celos, el ser posesivo y la necesidad de control es algo que no entiende de géneros, sino de forma de ser y de poder dentro de la pareja.

Los jóvenes, con poca experiencia, pueden ver normal los celos y la necesidad de saber qué hace en todo momento su pareja. Creyendo que es una sincera muestra de afecto y preocupación. Por suerte, todos nos rebelamos contra la idea de que un chico haga eso, creyendo que es posesivo. Pero nos sigue pareciendo normal que sea la parte femenina de la relación la que lo haga.

Incluso en casos de violencia sexual, podemos detectar lo que no está bien cuando un chico obliga a su novia a mantener relaciones sexuales con él, aunque no quiera ese día. Pero a la inversa, no pensamos lo mismo e incluso nos puede resultar gracioso que un chico tenga que ser, literalmente, obligado a acostarse con su pareja si no quiere. Cuando las situaciones de violencia son las mismas.

Existe el problema de como la poca experiencia puede hacer a los jóvenes proclives a no detectar situaciones de maltrato. Pero también existe la barrera de crear que un chico joven solo puede ser maltratador, no víctima. En Patón y Asociados y sabemos que el maltrato masculino no entiende de edad, y que los casos de maltrato no solo se circunscriben al matrimonio. Por eso ofrecemos, para casos de maltrato, el mismo apoyo y defensa legal experta independientemente de sesgos externos.

La presión social en los casos de maltrato masculino, nuestro peor enemigo

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Muchas veces hemos hablado de cómo, judicialmente, los hombres maltratados viven una situación de desprotección en nuestro país. O, por lo menos, de agravia comparativo, pero hoy veremos otra de las facetas externas de un proceso de maltrato: como la presión social es muchas veces el verdadero enemigo a batir durante un proceso.

Para empezar, es la primera barrera que debe superar un hombre maltratado. Como cualquier víctima de maltrato, hacer pública mediante denuncia una situación indeseable es compartirlo con el resto. Es admitir tener un problema y, por desgracia, eso suele ser algo que nuestra sociedad rechaza, prefiriendo ignorar los problemas. En Patón y Asociados ya hemos hablado de lo importante que es este tipo de denuncias, y uno de esos beneficios es precisamente poder actuar cautelarmente.

Pero existe otro problema, la presión social de no considerar a los hombres víctimas. Y ese es grave. No solo porque muchas veces los propios hombres maltratados no se ven como víctimas de maltrato; sino porque tampoco contamos con esa visión por parte de la sociedad. Y ese es clave. No solo para tener una ley más justa y ecuánime con todas las víctimas. Sino para poder crear las tan necesarias redes de vínculos familiares y de amigos en esas situaciones.

Es importante tener una defensa legal especializada en casos de maltrato, como la que prestamos en Patón. Pero es incluso más importante verse libre de la presión social hacia los hombres maltratados. Para el primer paso y todos los demás como víctima de maltrato.

Cuando las garantías pasan por desproteger al otro, la otra cara del maltrato masculino

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España en un Estado Social y Democrático de Derecho. O eso dice la constitución. En la práctica, se establece que se deben proteger a todas aquellas personas o grupos vulnerables de nuestra sociedad. A la vez que se consigue, de forma efectiva, una protección para el resto. ¿Pero es esto cierto? Veamos como el sistema responde a dos situaciones de maltrato casi idénticas, salvo en el género de la víctima.

Ante una situación de maltrato, se instauró un agravante, el de género, que hacía distinciones entre las víctimas. Incluso de forma procesal. Si eres una mujer y denuncias un maltrato, se ponen en marcha los mecanismos de prevención y de protección a la mujer maltratada de forma casi automática. En el caso del hombre, salir con el papel de la denuncia sin que sea obligatorio hacer nada más. E incluso aunque se solicite, la ayuda puede denegarse por no cumplir, a ojo del juez o jueza, los requisitos mínimos. Por mucho que se interponga un parte de lesiones.

¿Son las víctimas de maltrato tan distintas entre sí? Seas una mujer o un hombre maltratado, el calvario por el que se pasa es el casi el mismo; porque eres una víctima. Un ser humano maltratados. Si nuestra sociedad necesita otorgar derechos a determinado colectivo no puede ser a costa de negarlo a otros en casi idénticas condiciones. Debemos trabajar socialmente para conseguir la igualdad efectiva, sin fijarnos en el género de la víctima. Solo en la dolorosa situación de maltrato que ha tenido que vivir.

Si nuestro sistema, nuestros legisladores, tienen miedo de equiparar a mujeres y hombres maltratados por miedo a las consecuencias políticas, no estamos siendo efectivos. En Patón y Asociados, creemos en esa igualdad, y peleamos con ella con una ayuda legal experta desde los tribunales. Para conseguir un efectivo cambio a mejor para los hombres maltratados. Si entendemos a las víctimas como personas, estaremos un paso más cerca de la igualdad real para todos.

Presunción de culpabilidad, la moneda con la que paga la justicia española

Un hombre nunca puede ser una víctima, según nuestra sociedad

Después de que una persona reúne la fuerza suficiente como para salir de una situación de maltrato, e interpone una denuncia, ¿Qué le espera? Un largo proceso judicial que puede acabar, en el caso de los hombres maltratados, volviéndoseles en contra.

Los casos de maltrato siempre han sido difíciles de probar, normalmente suele ser la palabra del maltratado contra la del maltratador. E incluso si hay un par de lesiones de por medio, la situación sigue siendo compleja. ¿Ha sido algo puntual? ¿Se ha repetido antes? ¿Esa lesión es fruto de un intento consciente y dirigido de maltrato? ¿La palabra de quien pesa más? Ante todas estas preguntas, la justicia española trata de ir con pies de plomo; pero la experiencia demuestra que, al final, ante la duda, es el maltratado a quien se le da credibilidad.

Históricamente, el maltratado ha sido una mujer. Pero también lo han sido hombres, aunque en menor medida. Y es por eso, el estar en minoría, que la justicia española ha tomado la posición de no analizar los hechos de verdad y dar más peso y veracidad a la voz de la mujer, aún siendo la maltratadora. ¿Quimérico? Si un hombre denuncia por malos tratos a su mujer, sin más pruebas que un parte de lesiones; y los dos acuden al acto de conciliación o al juicio sin más apoyos. Es la palabra de uno contra la del otro.

A la hora de dirimir y depurar responsabilidades, no es raro que la justicia prefiera que domicilio, custodia de los hijos y pensión de mantenimiento vayan en contra del hombre. Algo que es justo en los casos de las mujeres maltratadas, se convierte en un gran agravio comparativo para un hombre maltratado. El sesgo de culpabilidad hacia los hombres en los casos de maltrato y divorcios, puede hacer que sean maltratados además por una perezosa actuación de la justicia española.

En Patón y Asociados, somos conscientes que una defensa inexperta, que deje al hombre maltratado a merced de la pereza de la justicia española, no es la solución. Si se quiere una igualdad real, es cuando la acción del abogado debe ser del más alto nivel y exigencia; sobre todo si debe luchar contra el prejuicio legislativo en contra.

La baja autoestima y la vergüenza social, los peores enemigos del hombre maltratado

Si los hombres no pueden ser víctima, ¿para qué van a pedir ayuda?

 

Cuando una persona sufre maltrato, no solo tiene que hacer frente a su propia situación; sino también, y mas importante, a la opinión del resto. Una persona maltratada es una que necesita desesperadamente el apoyo del resto. ¿Hombres y mujeres reciben ese mismo apoyo? Definitivamente no.

En una sociedad polarizada políticamente, donde todo es blanco o negro; donde estás contra algo o a favor de algo, el hecho de decir que existen los hombres maltratados es negar de facto el maltrato femenino. ¿Es eso posible? Si el maltrato tiene un único género, femenino, para ser considerado de género; eso alinea a los hombres maltratados. Si la sociedad tiende a culpabilizar a las víctimas de maltrato: por permitir la situación, por no denunciar o por incluso exagerar; lo hace incluso más con los hombres. Por permitir ser maltratados por “una mujer”, una visión tan anacrónica como nociva.

Cuando una victima tiene baja autoestima, el miedo a un rechazo social solo hace que se mantenga en silencio por más tiempo, incluso para siempre. Y el tiempo solo vuelve a los maltratadores más osados, pasando del abuso psicológico al físico. Y del físico al peligro de muerte.

Un abogado, en estos casos, no solo es un apoyo legal, también es una necesaria válvula de escape. Porque una víctima de maltrato muchas veces no solo necesita que le den una defensa legal experta, sino tener la oportunidad de contar a alguien lo que está sucediendo. En Patón y Asociados, nuestros abogados son esas personas: aunando talento humano y experiencia legal, permitimos a nuestros clientes no solo salir legalmente airosos de la situación sino también comenzar a rehacer su vida más cómodos consigo mismos.